Además de perfeccionar su español, conocer a personas muy interesantes y moverse en una ciudad totalmente distinta a las que conocía, Alice Sommer aprendió durante su semestre en el extranjero que en Cuba no vale la pena planificar: La Habana te depara todos los días muchas sorpresas.

Tomando los mejores cocteles de La Habana en el bar El Del Frente.

Son las ocho de la mañana y el reggaetón está sonando a todo volumen. Tum-ta-tum-ta—tum-ta-tum-ta. Acostada en la cama, planifico mi día: «Me baño, desayuno, a las 9.15 salgo para coger la guagua (bus) o un taxi colectivo y a las 9.45 estoy en la facultad. Después de clases regreso a casa para almorzar y en la tarde voy al gimnasio, a comprar cosas para la casa y a pintarme las uñas. Más tarde podría visitar a mi amiga Ana». Perfecto, tengo un plan. Voy al baño, abro la llave y: ¡No hay agua! «Bueno, no importa, me pongo desodorante y me baño en la tarde. Voy a acostarme otros cinco minutos». A las 9.20 salgo corriendo de mi apartamento y en ese momento pasa un taxi colectivo. «¡Qué suerte!». Subo al taxi. Tum-ta-tum-ta—tum-ta-tum-ta. Llego a la facultad y: «Alice, no hay clases. La profe está enferma». «Bueno, entonces voy al gimnasio ahora, y así puedo hacer otra cosa en la tarde». Weiterlesen